Carmen Segura: la elegancia hecha baile
Crónicas desde la Ciudad
La joven Carmen Segura Carrillo se consolida como un firme valor del baile almeriense. En Madrid compagina los estudios superiores de Danza con su pertenencia al Ballet de la Comunidad matritense
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Una de las prerrogativas que aún no está permitida a los mayores es la práctica del espíritu crítico; la libertad absoluta de hacer, decir y escribir sobre lo que nos apetece. El cuándo y cómo. Siempre con el respeto debido frente a opiniones y posicionamientos ajenos.
El introito se justifica por lo visto, escuchado y disfrutado el pasado viernes en El Morato, con su cueva-sede como espacio escénico privilegiado. Noche en la que se clausuraba el curso regular y se abría (meses de julio y agosto) al denominado Verano Flamenco. Dos horas intensas con el protagonismo esencial de Carmen Segura Carrillo, apellidos señeros en el muy flamenco barrio de Pescadería: la familia Segura, su madre, Mª Ángeles, profesora en el Conservatorio, y su prima Ana Alonso en cuya escuela ensayó los primeros pasos que definirían su vocación.
En todo momento, Carmen fue llevada en volandas por un cuarteto de lo mejorcito del panorama jondo almeriense: las voces de Antonio García “El Genial” y Cristo Heredia, la sonanta de José Bellido y el compás y baile de de su hermana menor Alba; de quien estaremos muy pendientes en un futuro en virtud de su formación académica (5º curso Profesional de Baile en el Kina Jiménez) y el buen hacer mostrado, obligadamente a cuentagotas, en segundo plano.
Sin considerarme un experto de la ortodoxa técnica dancística, he sido testigo del esplendor de las máximas figuras del género a partir de la segunda mitad de la anterior centuria: de Pilar López a Eva la Yerbabuena. Transitando por -entre otras- Rosario, Merche Esmeralda, Marienma, Blanca del Rey, Lucero Tena y Cristina Hoyos; Matilde Coral, Mariquilla, Manuela Carrasco, María Pagés o Sara Baras.
Lo que me lleva a construir un relato aproximado del devenir del Baile en nuestra provincia, a separar el grano de la paja. Desde hace una década dicha disciplina ha experimentado en Almería un fantástico crecimiento gracias a los cuidados planes de estudios del Conservatorio Profesional de Danza “Kina Jiménez” y de las numerosas academias privadas radicadas en la capital y provincia; dirigidas en su mayoría por profesoras salidas de este y con estudios superiores en los de Málaga y Madrid. Lo que nos permite disfrutar de un crecido número de excelentes profesionales. Puestos en la tesitura de significarme públicamente, tres mujeres (de nuevo la libertad de opinión) me cautivan singularmente: Rocío Garrido, Carmen Moreno y las coreografías de Anabel Veloso. A las que a partir del viernes se suma Carmen Segura. Sin desmerecer al resto.

Esperanzador futuro
Versátil, estilizada, bella y dueña de un sobresaliente encanto natural, la aparente fragilidad juvenil de Carmen (20 años) se transforma sobre el escenario, donde desnuda sus más íntimos sentimientos y da forma personalísima a los estilos abordados. Su evolución es continua desde que la vimos en sendas actuaciones en El Morato y La Guajira. No obstante, el sacrificio diario e ilusión no puede (ni debe) decaer ya que el camino es largo y duro para cualquier aspirante a figura reconocida. Los mimbres están puestos, ahora hay que confeccionar y adornar la cesta. Como afirman los fandangos de Antonio Murciano en boca de Rocío Jurado, “para triunfar en esta vida, lo que hace falta es reaños y ganas de trabajar...“. Y el camino recorrido así lo augura.
El Arte es sin duda subjetivo, pero cuando todos quienes lo contemplan coinciden en la misma dirección se convierte en verdad rotunda. Junto al también bailaor Manuel Jiménez, la ovación más intensa y prolongada últimamente en El Morato fue la brindada a Carmen al concluir su actuación. La expectante reunión dio inicio con ambas hermanas bordando, cara a cara, unos “jaleos” a ritmo de cadenciosos tangos. La tarjeta de visita ya prometía cotas superiores. Mientras tanto, el ínterin de esta primera parte estuvo jalonado con intervenciones solistas de Antonio, Cristo y José.
Pero sería en la segunda parte donde Carmen desplegó todo su arte por tarantos y bulería por soleá. Dos estilos bien diferenciados en los que salieron a relucir su innata elegancia y temperamento. Erguida, la espalda recta, la cabeza alta, el gesto expresivo, los brazos alados y gráciles, el zapateado sutil o vertiginoso, a compás; sin descomponer en ningún giro la figura... Y elegante, en todo momento elegante. El rasgo que a nuestro juicio más y mejor la define. Dos piezas dancísticas para enmarcar, previas a las pataítas finales por bulerías de Carmen y Alba. Enhorabuena, niñas.
Sólido currículo
Tan denso y admirable currículo nos obligará a retornarlo en una próxima ocasión. Valgan ahora unos apuntes:
Con 8 años ingresó en el Conservatorio, donde completó el grado oficial de Enseñanzas Elementales y Profesionales de Baile Flamenco. Un año después debutó en el Teatro Apolo en el espectáculo “Entre Carrillos y Carretas”; afianzando y completando su formación en academias (Ana Alonso, Isabel Ramírez, Eduardo Leal), cursos y másteres a cargo de artistas muy cualificados: Manuel Carrasco, Manuel Liñán, Rubén Olmo, La Moneta, La Lupi, María Moreno, etcétera.

